Edición 7 de Noviembre 15, 2.006

viernes, noviembre 17, 2006

UNA NOCHE EN NUEVE BARES DE BOGOTÁ TERCERA PARTE.

Por: Rafael Ricardo Ramírez Díaz.

Para leer la primera y segunda entrega de la crónica haga click en los dos títulos anteriores.

Epílogo (Basado en una historia real)

…Muy cerca de este sitio había una cantina, aquellas que no pueden faltar en ninguna parte de la ciudad con su rockola y borrachos incluidos. Hay bastantes mujeres, universitarias todas por supuesto con la única diferencia que son un poco menos agraciadas que las del anterior bar, hay viejos, jóvenes y todos disfrutan del ritmo de un merengue viejo que incita a bailar.

A pesar de ser una cantina, es muy grande y dispone de suficiente espacio como para danzar esta bella música y pareciera que la mayoría de hombres de Bogotá estuvieran concentrados allí ya que a pesar de haber tantas mujeres eran “rapadas”, un grupo muy peculiar de ellas vestía uniforme como de enfermeras o algo así, lo cual causo curiosidad en Jacobo* que esperaba no perder oportunidad para acercarse a una de ellas y sin pensarlo dos veces se lanzaron con Andrés* antes de que comenzara la siguiente pieza musical, Jacobo* inició por decirle a su pareja que no sabia bailar a lo que ella respondió “tranquilo papito que se le enseña” y luego viene la parte aburrida de la primera vez que bailan dos personas… - ¿Cómo te llamas?, ¿Qué haces?, ¿Qué música te gusta? -, un sinnúmero de preguntas que pueden describir casi acertadamente la personalidad de una mujer, para estas alturas Jacobo* no sabia como calificar a la mujer, la veía bonita pero al ser conciente de que había tomado tanta cerveza lo dudo un rato, porque eso si es maluco quedarse con “el chicharrón del chuzo” ya que existía esa política entre sus amigos.

Al finalizar la pieza musical rápidamente Andrés* y Jacobo* comenzaron a comentar lo que lograron averiguar de este grupo de mujeres y se dieron cuenta que los dos le dijeron a sus parejas que “no sabían bailar”. Se rieron al ver que todo el grupo de veterinarias, porque no eran enfermeras los miraban y reían a la vez. –“¡ashhh nosotros si somos muchos ‘maricas’!, van a creer que lo teníamos todo planeado, ah eso camine mas bien para otra parte que se daño el parche acá”.

Ya no mas barrio Santa fe, ya no más cincuenta y una con séptima, cojamos para el barrio que allá hay muchos bares y efectivamente los tres amigos se fueron para su bario natal, en donde los bares abundan y sobresalen por su exótica variedad de mujeres, ya estamos en nuestra octava estación y esta ves el bar se llama “Francachela” y solo hay cinco personas de las cuales tres son mujeres y dos hombres. Al parecer las tres mujeres son familia, madre, hija y hermana o prima.

Son las once y media de la noche y ya hay bastante alcohol en la cabeza nuestro personaje principal Cesar* es un maestro en estos asuntos de mujeres con hijos, claro está que Andrés* no se le queda atrás pero bueno esa es otra historia. Resultó Cesar* bailando con la madre o tía de estas dos mujercitas y en su impaciencia por sacar información o cortejar a esta recorrida mujer muy seguramente dijo algo que no le gusto e inmediatamente pago la cuenta y salio de aquel lugar algo enfurecida… -Hombre esa vieja toda loca yo no se que le paso y se puso brava y se fue…. Dijo Cesar* a lo cual respondieron Andrés* y Jacobo* - ¡si como no!...

Se tomaron esa última cerveza y ya cansados decidieron parar ahí e irse para sus respectivos hogares, tomaron su rumbo y en el camino había otro bar conocido como “La Rockola” – Venga a ver si encontramos a alguien, dijo Cesar* y sorpresa cuando se encuentran las mismas tres mujeres de “Francachela” tomándose una cerveza en la barra.

Decidieron tomarse la última ahí pero esta vez *Jacobo cayó muy bajo… una flor dorada posaba sobre la barra, la mas bella que había visto en la noche, gustosamente ella accedió a bailar con el apuesto muchacho y sin darse cuenta bailaron una, otra y otra hasta que de pronto sus amigos no estaban en el bar pero estaban las cervezas sobre la mesa, al momento entro Cesar* con una de las arepas mas grandes que hayan podido existir y Andrés* bajo del baño y juntos alabaron la arepa con inigualable combinación de carnes, salsas y especias, que viva la arepa “grasuda” dijeron todos.

Una vez terminaron aquel manjar un poco mas cuerdo Jacobo* vio aquella flor hermosa de nuevo posada sobre la barra, pero esta ves no era flor hermosa era algo así como maleza marchita. Jacobo* cogía su cabeza algo preocupado mientras sus amigos se burlaban de su “levante” y luego de varios minutos recapacitó en sus acciones y al darse cuenta que su pareja lo miraba ansiosamente como para bailar otra pieza musical, partieron de esta su novena y última estación.

¿Qué ocurrió después? Cesar* se fue para su casa porque lo estaba esperando su mujer algo disgustada, Jacobo* fue a su casa y no se preocupó mucho porque no tenia que hacer nada al día siguiente y al pobre de Andrés* le toco llegar a su casa a dormir dos horas porque tenia que madrugar a trabajar y a caminar hasta el trabajo porque se había quedado sin un peso y eso aparte del guayabo que tenia que enfrentar…
Esto deja una enseñanza clara y es que no importa en cuantos sitios busques una mujer, desde que tengas cerveza encima todas aguantan, y eso si no salga un lunes o martes a tomar con los amigos, si tiene que trabajar al día siguiente, puede ser muy contraproducente.

*Nombres protegidos por sugerencia.

Dibujos: Néstor Eduardo Camacho Castro.